Escondido sobre la ría de Pontevedra, se encuentra un pueblo cargada de secretos: el único en el mundo con treinta hórreos alineados a pie de mar

Si estás en Vigo y quieres disfrutar de nuestra comarca, es un buen momento para descubrir alguna de nuestras villas marineras. Para ello, dejamos a un lado el vértice de la ría de Pontevedra y tomamos la carretera PO-308, dirección O Grove, desde dondde alcanzamos alcanzar el lado norte de la ría. A poco más de diez minutos por carretera nos detendremos en el pueblo de Combarro, una mezcla perfecta de piedrahórreos ‘cruceiros’.

Partiendo de la plaza de San Roque, encontramos ya los primeros «cruceiros«, de los muchos que nos acompañarán en el camino. El que preside la plaza une por sus respectivos costados al Cristo crucificado con la Virgen del Socorro, que porta un garrote para espantar al diablo. La gran peculiaridad de los cruceiros de Combarro es que si miramos hacia donde lo hace el Cristo estaremos dirigiendo la vista a tierra y si hacemos lo propio con la virgen nos orientaremos al mar.

En esta plaza vivimos la sensación de estar sobre un pueblo esculpido en piedra que desciende hacia la ría. Hasta podemos observar cómo las casas de los pescadores aprovechan esta mole granítica como cimientos. Desde la plaza bajamos por A Rúa, la calle principal del conjunto histórico, donde apreciamos la arquitectura marinera del lugar, en casas pegadas, con soportales y balcones adornados por balaustradas de piedra, forja o madera.

Continuamos hasta la Playa de Padrón, que nos muestra una panorámica sorprendente de la costa de Combarro, única en el mundo porque treinta hórreos la recorren alineados, a pie de mar. Vemos que se elevan sobre pilastras para evitar la humedad porque los marineros las usaban como secaderos de pescado y almacén de maíz, patatas y otros productos traídos en barca del otro lado de la ría.

Recorriendo la Rúa do Mar encontraremos que muchas de sus casas albergan tabernas y restaurantes. Tras el paseo puede ser el momento para la primera tapa de la mañana, antes de reemprender la ruta. Y ya nos despedimos de Combarro, tras haber descubierto cómo se vive en un típico pueblo marinero.

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